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MOLUSCOS

 ANIMALES INVERTEBRADOS - MOLUSCOS

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MIRA EL PÉNDULO...

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LIEBRE EN ZOSTERA

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de repente un extraño

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Chocos, de paseo

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Los moluscos son una familia de animales muy numerosa y variada (al igual que sucedía con el grupo de los crustáceos) pero, pese a  englobar especies tan diferentes como los croques, nudibranquios, caramuxos o pulpos, mantienen una serie de características comunes.

Tienen el cuerpo blando y con simetría bilateral, la mayoría de las veces dividido en cabeza, masa visceral o manto y pie musculoso (aunque en algunos falta la cabeza), y una gran cantidad de ellos son capaces de segregar una cutícula calcárea a partir del manto que recubre su cuerpo para formar una concha

Como veremos, algunos forman una única concha (lapas o caramuxos), otros generan dos valvas (mejillón), los hay que han reducido notablemente el tamaño de esta concha o su consistencia y conservan este vestigio en su interior (como los chocos o las liebres de mar) y, otros, directamente, no tienen concha (pulpo o nudibranquios), en su lugar han desarrollado otros mecanismos de defensa.

molusc intro.jpg

Aunque son muchas las familias de moluscos, nos vamos a centrar en tres grupos básicos, por ser los más habituales y conocidos:

CEFALÓPODOS, son los invertebrados marinos más evolucionados, con un avanzado sistema nervioso (el más desarrollado de todos los invertebrados) y sensorial que les hace capaces de aprender y memorizar. Estos moluscos se han readaptado a una vida nadadora (los demás moluscos o bien viven fijados a alguna superficie o desplazándose muy lentamente en los fondos), y, para ello, han sufrido algunas transformaciones que han mejorado su hidrodinamismo y los han alejado del modelo anatómico más típico de los moluscos :

 - su cuerpo se ha alargado dorso-ventralmente (de arriba a abajo)

 - su concha se reduce e interioriza (chocos y calamares) o desaparece (pulpo)

 - los bordes del pie se han transformado en brazos (ventosas todo a lo largo de la extremidad) y tentáculos (ventosas solo en la      parte final)

 - otra parte del pie ha dado lugar a un embudo, llamado sifón, que les permite expulsar agua a gran velocidad para propulsarse.

Son predadores carnívoros muy voraces y oportunistas, cazadores visuales que emplean sus brazos o los tentáculos para atrapar a las presas y luego  triturarlas con sus fuertes mandíbulas en forma de pico. Cuando muerden , inyectan una potente neurotoxina que inmoviliza a sus presas, un interesante recurso para evitar un enfrentamiento en el que su cuerpo blando tiene las de perder ante cangrejos o bivalvos. A esto hay que añadirle la presencia de una rádula en la boca, una lengua rasposa con pequeños dientes curvados y dispuestos en hileras.

Calamares y chocos son expertos nadadores, capaces de moverse lentamente, hacer rápidos quiebros y giros, avanzar en todas las direcciones o escapar rápidamente propulsados por el sifón. Disponen de 2 aletas laterales en la parte posterior de su cuerpo que les permiten desplazarse y les dan estabilidad para poder llevar a cabo todas estas maniobras con precisión. Por su parte, el pulpo vive en los fondos, se desplaza arrastrándose con sus brazos por el sustrato, aunque, si necesita huir con rapidez, también usa el sifón.

Las peculiaridades de los cefalópodos son tantas que les hemos dedicado un apartado especial un poco más abajo.

GASTERÓPODOS, aunque por nuestra gastronomía nos resulten más familiares los cefalópodos y bivalvos, los gasterópodos son el grupo más numeroso, variado y con mayor éxito biológico de todos los moluscos, llegando a adaptarse también al medio terrestre.

Poseen un potente pie que les permite reptar y una cabeza bien diferenciada de la que salen dos tentáculos en los que se sitúan los ojos. La mayoría poseen una única concha, muchas veces de forma helicoidal, lo que ha provocado que su cuerpo se adapte retorciéndose en su interior, así, la masa visceral y la concha sufren una torsión de 180º respecto del pie y la cabeza.

Las conchas pueden tener diversos dibujos, colores y formas, que generalmente se relaciona con su hábitat y forma de vida. Pero también los hay con la concha muy reducida o sin ella.

Incluyen a su vez distintos grupos que tienen notables diferencias entre sí:

  - caracoles de mar (prosobranquios) : Son los más primitivos y tienen una única concha de forma helicoidal que puede variar mucho. Las hay redondeadas y cónicas para recuperar fácilmente la posición, más aplastadas y amplias para permitir una mejor sujeción a las rocas o pueden ser alargadas y así evitan quedarse enterradas.

A veces, la forma helicoidal se ha transformado para adquirir un diseño de gorro (lapas) o de grano de café (porcelanas).

  - nudibranquios y liebres de mar (opistobranquios) : predomina su cuerpo blando, ya que su concha o se ha reducido notablemente o ha  desaparecido. Disponen de las branquias en el exterior de su cuerpo, como prolongaciones en la parte dorsal. Segregan un moco al desplazarse que, en muchas especies, contiene sustancias químicas como "mensajes", de manera que otros individuos de su especie puedan "leer" ese rastro para localizarlos. En ocasiones pueden indicar con estas señales químicas la amenaza por la presencia de predadores.

   - caracoles y babosas de tierra (pulmonados) : con una única concha de forma helicoidal, han transformado el espacio entre la concha y el manto en un pulmón, que sustituye a las branquias.

BIVALVOS, se distinguen de los demás grupos por vivir entre dos valvas/conchas articuladas e independientes que se unen en la parte más estrecha gracias a una bisagra dura con dientes (charnela) y a un ligamento flexible. Desde dentro, el molusco se adhiere a ellas y las cierra herméticamente con sus potentes músculos aductores. No tienen cabeza ni rádula, pero algunos tienen múltiples ojos a lo largo del manto (como la vieira) que asoman cuando abren las valvas. Su pie, musculoso y potente, les permite también excavar o anclarse.

Se alimentan filtrando partículas en suspensión, de modo que llevan vidas sedentarias, y pueden vivir excavando en los fondos (croques, almejas o navajas), enganchándose a superficies duras (mejillón) o de forma más libre en el fondo (vieiras y zamburiñas). Para filtrar el alimento y respirar disponen de unas aberturas, una inhalante y otra exhalante, a veces en forma de sifones (según la longitud de estos sifones, podrán enterrarse a mayor o menor profundidad).

Existen otros grupos dentro de los moluscos que también podemos observar en nuestra ría, como es el caso de los quitones (POLIPLACÓFOROS), que poseen una concha formada por ocho placas transversales articuladas y el cuerpo aplanado y ovalado. Normalmente los encontraremos en la parte inferior de las rocas raspando con su rádula las partículas allí adheridas. También tenemos colmillos de elefante (ESCAFÓPODOS), que, como su nombre indica, disponen de una curiosa concha con esta forma, aunque su tamaño es mucho menor, entre 3 y 6 cm. Los colmillos viven enterrados en los fondos de arena y fango, buscando pequeños animales enterrados que comerse.

choco y pulpo

CEFALÓPODOS

El choco, sepia o jibia es uno de los animales más fascinantes que podemos ver en las inmersiones por el espectáculo de colores, dibujos y texturas que ofrece su piel, así como por el dominio de la flotabilidad que consigue nadando. Los encontraremos especialmente en fondos arenosos o de cascajo y en fondos con plantas de zostera, aunque también es frecuente verlos merodear próximos a las rocas, buscando presas que atrapar.

Alcanzan los 40 cm. de largo, aunque lo habitual es encontrarlos de 15 - 20 cm (las hembras son más grandes) y tienen el cuerpo blando, con la cabeza bien diferenciada, que es donde se sitúan sus 8 brazos (visibles) y 2 tentáculos (ocultos).

Tiene el cuerpo blando y en forma de saco con la superficie rugosa que puede variar su textura  notablemente, al igual que su color. No tienen aletas, aunque pueden presentar una membrana entre los tentáculos que los une (umbrela) y que mejora su locomoción.

 

Su cuerpo se estructura en tres partes bien diferenciadas, pero dispuestas de una manera muy curiosa: un redondeado saco o masa visceral (equivalente a nuestro tronco) se eleva sobre su cabeza, que es la franja intermedia del cuerpo y de donde salen sus ocho brazos. 

choco sepia officinalis
dibujo choco
dibujo pulpo
pulpo 1.55.393.jpg
sepia officinalis, sepia, choco
choco sepia officinalis
huevos choco sepia officinalis
pulpo ventosas galicia octopus vulgaris
pulpo galicia octopus vulgaris
pulpo galicia octopus vulgaris
choco sepia officinalis
pulpo galicia octopus vulgaris
choco sepia officinalis
pulpo con puesta

Como todos los cefalópodos, los pulpos tienen tres corazones, dos se encargan de la respiración (bombeando para las branquias) y el tercero, más grande, de la circulación de la sangre por todo el cuerpo, sangre que, a diferencia de la nuestra, es azul. En lugar de hemoglobina y hierro posee hemocianina para transportar el oxígeno, ya que esta le permite regular mejor el transporte de oxígeno según la temperatura a la que deba enfrentarse su cuerpo.

Su cerebro se distribuye por diferentes partes del cuerpo, cabeza (solamente un tercio) y brazos, hasta el punto de que cada brazo actúa como si tuviera cierta inteligencia propia e independiente del "cerebro central" de la cabeza. Si un brazo del pulpo es amputado, seguirá respondiendo durante una hora. Es muy gráfica la descripción de este funcionamiento que realiza Peter Gofrey-Smith en su libro "Otras mentes": "En el pulpo existe un director, el cerebro central. Sin embargo, los músicos a los que dirige son músicos de jazz, inclinados a la improvisación, que solo aceptarán la dirección hasta cierto punto. O quizá son los músicos que reciben solo instrucciones generales y esquemáticas del director, que confía en ellos a la hora de tocar algo que funcione".

Se pueden encontrar, dependiendo de la época, casi en cualquier punto de buceo, son más frecuentes en las Islas Cíes, Frapelo, Cabo de mar o Punta Subrido.

Fuera de sus escondites tienen otras maneras de defenderse, a veces, adoptan formas extrañas para disimular su silueta habitual o adoptar las de otras formas de vida, imitando a gorgonias, algas o morenas. Esto les ayuda a desconcertar a los posibles predadores. Otras veces se propulsan rápidamente y dejan tras de sí una nube de tinta.  

Con suerte se puede nadar con algún ejemplar grande, si se mantiene una distancia de respeto, seguirán el juego, ya que son muy curiosos. Nos observan y tantean acercándose ligeramente y respondiendo a nuestros acercamientos con pequeños retrocesos. Una señal de que nos estamos acercando demasiado es que se vuelvan de color blanquecino, lo que suele indicar que está asustado.

Pueden vivir en torno a los dos años, aunque no es lo más frecuente.

 

Aunque pueden reproducirse durante todo el año, en la ría, lo hacen fundamentalmente en primavera, para hacer coincidir el nacimiento de las larvas con los afloramientos costeros del verano y que así las larvas puedan disponer de abundancia de alimento.

La hembra pone unos 200.000 huevos, que cuelga como racimos en la parte superior de los huecos entre las rocas, y se queda cuidando de ellos hasta que eclosionan (unos cuatro meses). Poco

después muere de inanición. Su vigilancia es tan tenaz que no se mueve ni para comer durante este tiempo. Por ello, antes de la puesta se encarga de alimentarse bien, lo que, en ocasiones, incluye devorar a su compañero de cópula. Los machos por su parte, aunque se libren del canibalismo de sus parejas, morirán semanas después del apareamiento.

Su tamaño total extendidos varía entre 1 y 2 m., pero se han encontrado ejemplares de hasta 3 m.

No tienen concha, ni siquiera interna, pero les queda un pequeño vestigio en su cabeza, el estilete. Este cartílago de 5 cm. ha permitido a los investigadores datar la longevidad de los pulpos y saber la edad de cada ejemplar con precisión, ya que acumula una capa de tejido por cada día de vida del pulpo (como los anillos de un árbol). Esta ausencia total de estructuras rígidas junto a su evolucionada y efectiva musculatura le proporcionan una enorme flexibilidad, siendo capaces de pasar por lugares muy estrechos aunque su cuerpo tenga gran tamaño.

Son maestros del camuflaje por cambios de color, pero también por cambiar su textura y su forma. Durante el día los encontraremos casi siempre en las rocas (son más activos por las noches), escondidos en oquedades y rodeados de los restos de moluscos y crustáceos que se han comido. Ellos mismos hacen estas guaridas colocando piedras y  restos que hay a su alrededor. Es muy habitual, por ejemplo, encontrarlos escondidos en un agujero del que solo asoman sus ojos con una "verruga" puntiaguda en la piel que hay sobre ellos. Cuando están agazapados también es muy frecuente que sitúen un tentáculo por delante para protegerse.

En la parte inferior, escondida entre sus brazos, se encuentra la boca, con un afilado pico que le permite triturar sus presas, además tiene una saliva tóxica que produce efectos paralizantes. Son muy voraces, ya que su rápido crecimiento les demanda muchas capturas. Se alimenta de crustáceos, moluscos, peces y otros cefalópodos (en ocasiones otros pulpos).

 

Los brazos (no tentáculos), que pueden regenerar, son 8, fuertes y robustos, suponen más del 50% de la longitud de su cuerpo y poseen dos filas paralelas de ventosas. La multitud de ventosas que recorren los brazos, además de permitirle coger y manipular objetos y presas, actúan como órganos sensoriales. En el borde de éstas hay múltiples quimiorreceptores que le proporcionan información del sentido del gusto, así como mecanorreceptores para identificar estímulos táctiles, todo ello con una gran precisión. Tanto es así que, además de los ganglios cerebrales que posee en el interior de la cabeza, posee otros "mini-cerebros" accesorios para cada uno de sus brazos, que le ayudan a procesar toda esta información y coordinarla con los movimientos.

Uno de los brazos, el tercero de la derecha, es el que se adapta como órgano reproductor masculino en los machos (hectocotilo). También el par de brazos frontal es algo más corto que los demás.

En la parte media, entre el manto y los brazos, se sitúa la cabeza. Sus ojos  son grandes y sobresalen claramente con la pupila en horizontal. La horizontalidad permite que reciban más luz lateral y se protejan de la potente luz de la superficie, además de proporcionar un amplio campo de visión. El hecho de que su pupila se coloque de esta forma les ayuda también en la propiocepción, ya que pueden saber cómo está orientado su cuerpo respecto del plano horizontal del fondo, de hecho, cuando cambian su posición, giran también los ojos para mantener la pupila paralela al fondo.

Su saco/masa visceral guarda en el interior todas las vísceras y está rodeado exteriormente por una capa protectora, el manto. Entre el manto exterior y la masa visceral interior se sitúa otra capa, la cavidad paleal, donde están las branquias y unas aberturas laterales para la entrada de agua. Con los movimientos de los músculos del manto, los pulpos favorecen el paso del agua por esta capa intermedia para poder respirar.

En la parte lateral del manto, muy próximo a la cabeza también sobresale el sifón, un embudo de color amarillo que emplean para expulsar el agua, y que también le permite impulsarse rápidamente en caso de tener que huir de una amenaza.  Además de la propulsión, suele desplazarse caminando y arrastrándose con sus brazos.

Es difícil hablar de la coloración típica de un pulpo ya que varía enormemente en función del camuflaje y de su estado de ánimo. Por lo general, luce patrones de colores rojizos, rosas, marrones y ocres, aunque son habituales también los reflejos azulados y las motas amarillas en su piel cuando la "eriza". Además, ante amenazas, se vuelve completamente blanco cuando se asusta y, a menudo, en estas situaciones presenta manchas de un negro intenso rodeando los ojos.

Además de desplazarse con las ondulaciones de su "falda" dispone de un sistema de propulsión que le permite escapar rápidamente al expulsar agua a través de un sifón que asoma bajo su cabeza. Si se siente muy amenazado, al igual que otros cefalópodos, puede expulsar tinta.

Podemos encontrarlos en cualquier punto de la ría, con más frecuencia sobre fondos arenosos. Son habituales en Cabo de mar, Tofiño, Islas Cíes, A Furna, Salgueirón o en Os Zenoiros. 

El término officinalis, del latín, que aparece en el nombre científico de numerosas especies de animales, plantas y algas, hace referencia al uso en medicina y farmacia de alguna de sus partes o sustancias, como la tinta de esta especie de sepia.

Los chocos se reproducen una vez en su vida (en primavera u otoño), varios machos compiten con violencia por una hembra y el que consigue quedarse entrelaza sus tentáculos con los de ella, ambos toman un color blanquecino y todo termina rápidamente. Justo después de la fecundación la hembra realiza la puesta durante semanas. Sus huevos son como uvas de color negro que va  pegando de una en una en  algas, plantas o gorgonias,  formando racimos.  Adquieren este color porque la capa superficial contiene tinta. 

Ponen hasta 4.000, y  tardan entre 30 y  90 días en eclosionar. Las hembras mueren  después de dar a luz mientras que los machos pueden vivir algo más, aunque también mueren poco después, la vida máxima de estos animales es de unos dos años. 

Son capaces de "igualarse" a todo tipo de fondos, arena, rocas, algas... su plasticidad es tan grande y variada que además de su coloración pueden alterar la textura de su cuerpo y los dibujos que presenta. Una variante en su dibujo consiste en hacer que una mancha oscura se desplace sobre el tono más claro de su cuerpo, no es extraño que lo haga ante buceadores, con una sorprendente rapidez va moviendo una y otra vez la mancha a través de su cuerpo, como si quisiera hipnotizarnos.

Además de su dominio del camuflaje, otra característica distintiva de los chocos es su fantástica flotabilidad. Poseen una concha interna (jibión), porosa, que acumula pequeñas burbujas de aire,ayudándoles a flotar (sería un sistema equivalente a la vejiga natatoria de los peces óseos). De este modo son capaces de planear en el agua sin realizar ningún esfuerzo.

Es frecuente encontrar estas conchas blancas, ligeras y ovaladas en las orillas de algunas playas, y también es habitual que cerca estén pájaros picoteándolas, ya que suponen un gran aporte de calcio.

Además de la posición de caza y amenaza levantando los brazos centrales, otras veces los levantan y rizan todos para simular que son corales y así camuflarse, adoptan las texturas y colores del lugar en el que se encuentran o se entierran rápidamente en la arena ayudados por los brazos y la falda. Lo hacen tan bien que son casi inapreciables salvo por los ojos que quedan al descubierto.

De la cabeza salen ocho brazos , cortos y carnosos, que adquieren la misma coloración que el resto del cuerpo y se disponen extendiéndose uno al lado del otro. De éstos, los dos que están en los extremos son más aplanados y largos (y uno de ellos es el hectocotilo o pene en los machos).

También tiene dos tentáculos de color blanco, más largos, que acaban en una especie de pala y que tienen replegados salvo cuando los "lanzan" para capturar a sus presas (ya que son retráctiles).

Son depredadores voraces, las sepias siempre tienen hambre por lo que siempre que puedan capturarán presas que tengan cerca, siendo animales oportunistas. Se alimentan de pequeños crustáceos y pequeños peces que trituran fácilmente con su pico y suelen adoptar una postura típica de caza levantando los dos brazos situados en el centro. Se desplazan tanteando el terreno, especialmente los fondos de arena y los huecos entre rocas, y cuando detecta alguna posible víctima, se acerca muy lentamente, recalcula su posición y lanza los dos tentáculos que esconde entre sus brazos. En décimas de segundo ha atrapado su comida. Si respetamos su espacio y esperamos un poco, es muy probable que los chocos nos dejen asistir a su cacería.

La cabeza se mueve de forma independiente y mantiene la misma coloración que el resto del cuerpo. En ella se sitúan los ojos, que tienen una curiosa pupila en forma de W. Parece que esta disposición es especialmente útil para protegerse de la entrada directa de luz de la superficie y ayuda a disimular donde se sitúan los ojos. La visión de los chocos, como en todos los cefalópodos, está muy desarrollada y es altamente eficaz.

El dibujo estándar que muestran consiste en múltiples líneas blancas, finas y quebradizas, sobre un fondo pardo oscuro. Cuando este dibujo está bien marcado se parece al de una cebra, y es el que suelen mostrar los machos adultos en época de freza. Por su parte, las hembras en freza suelen mostrar dibujos y tonos más uniformes, con moteados oscuros.

Su saco/masa visceral es oblongo y está recorrido a lo largo por una "falda" continua que ondula para desplazarse y que le ayuda a estabilizarse. Esta falda, en realidad, son dos aletas laterales que se extienden por todo el borde del cuerpo hasta fusionarse en la parte posterior.

La parte ventral es de color blanco y la dorsal presenta dibujos y líneas en diferentes tonos que van cambiando rápidamente a su antojo de múltiples maneras. Los dibujos pueden cambiar para camuflarse, para aparearse, para amenazar o en función de cambios en el estado de ánimo. Al igual que el pulpo es un maestro en los cambios de color, textura y posición de su cuerpo, incluso se conoce una especie, la sepia latimanus, abundante en Indonesia, que hipnotiza a sus presas con los cambios de color de su cuerpo para desconcertarlas y atraparlas.