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FONDOS ROCOSOS

Grietas llenas de vida

Sin duda, los lugares más visitados por las buceadoras, ya que acogen una enorme cantidad de vida. Las rocas son el lugar ideal para que las algas y animales sésiles (aquellos que viven aferrados a superficies duras) puedan instalarse y en las aguas del Atlántico se recubren de especies que apenas dejan ver la piedra que hay bajo ellas. Esto es un reclamo alimenticio para numerosas y diversas formas de vida.

Además, la abundancia de oquedades y grietas que se forman actúan como un refugio perfecto para animales de pequeño tamaño, como los peces chafarrocas, hasta los de mayor envergadura, como congrios, pulpos, centollas o bogavantes.

FONDOS ROCOSOS
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FONDOS ROCOSOS

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BARRIGUDAS, a las trincheras!!
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BARRIGUDAS, a las trincheras!!

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MARAGOTAS: Bienvenidas a mi roca
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MARAGOTAS: Bienvenidas a mi roca

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Una imagen típica de estos paisajes en las rías, donde la abundancia de vida y colores sorprende a sus visitantes. La línea de costa gallega está repleta de bajos rocosos y un perfil rocoso irregular que origina este tipo de hábitats, lugar de residencia de numerosas especies.

Esponjas, algas, anémonas, gusanos, corales blandos... todos encuentran su sitio sobre las rocas, cubriendo por completo su superficie.

Así que, en estos paisajes, abundan los animales que se alimentan de la vida sobre las rocas. Los erizos de mar, por ejemplo, son herbívoros y disponen  de una potente dentadura para raer sobre las rocas y comer  las algas

También los nudibranquios (el molusco azul de la foto) encuentran aquí las diferentes especies de las que se alimentan y comparten barrio con multitud de animales de roca.

Algunos peces, como las barrigudas (Parablennius pilicornis) -en esta foto y la anterior- las maragotas o las porredanas, además, suelen realizar sus puestas de huevos en las rocas. Durante la época de reproducción (preferentemente en primavera) los machos se adueñan de un lugar visible pero protegido y esperan que las hembras acudan a colocar sus huevos. Luego, los fecundan y protegen con vehemencia hasta que eclosionan.

Son muchas las especies de peces nadadores que frecuentan estos lugares, por lo general, en busca de alimento. Excepto los peces que optan por vivir nadando en la columna de agua, todos los demás, en algún momento, optarán por los fondos rocosos como despensa.

Los grandes agujeros que se forman entre las rocas son los refugios de alguna de las especies más emblemáticas de las aguas gallegas. Nécoras, centollas, bogavantes y, como no, los congrios (Conger conger), encuentran en estas oquedades un lugar perfecto para protegerse.

Y, por supuesto, también es el hábitat del pulpo (Octopus vulgaris) Aunque a este todoterreno podremos encontrarlo en cualquier tipo de paisaje, ya que tiene una prodigiosa capacidad de adaptación tanto para camuflarse como para variar su dieta, es en los fondos rocosos donde encuentra con frecuencia su refugio, donde elige los lugares en los que realizar las puestas y donde consigue alimento con gran facilidad.

Otros habilidosos artistas del camuflaje son los peces planos. La mayoría de este tipo de peces encuentra su entorno idóneo en los fondos de arena, pero hay dos especies que han aprendido a mimetizarse a la perfección con las rocas: el tapaconas (Zeugopterus punctatus) y la pelaya (Zeugopterus regius) -en la foto-.

Las grietas sirven de vivienda a muchas formas de vida de pequeño tamaño. Algunas han variado su anatomía para adaptarse con más eficacia a estos lugares. Un claro ejemplo es el chafarrocas, un pez que ha transformado sus aletas pélvicas (en la parte ventral cerca de la cabeza) en una ventosa que le permite sujetarse boca abajo.

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